viernes, 7 de julio de 2006

Lo que no pudo ser

Al inicio de 4to año de secundaria la tutora de la sección decidió unir en parejas a los alumnos en cada  carpeta, fue entonces que la sentaron junto a Marco, antes de eso nunca antes habían conversado en los 3 años que ya llevaban como compañeros de clases, ella tenía el pelo negro lacio, trigueña, delgada, ojos oscuros, era una niña empezando su vida adolescente porque incluso era menor que Marco.

Una vez sentados juntos poco a poco empezaron a congeniar, durante los recreos se quedaban en su carpeta a conversar, los temas eran cualquier cosa, de todo un poco, no era tan aburrida como aparentaba ser, ella le comentó que sabía que él había salido con algunas chicas del colegio, era difícil no enterarse de aquellas travesuras adolescentes en aquel colegio estatal. Marco la encontró divertida, sus temas eran interesantes, le gustaba pasar sus ratos libres conversando, riendo, secreteando.

Cierta mañana su mejor amigo le dijo te apuesto 10 soles a que no te la agarras. Marco lo tomo como una broma, pero su amigo le dijo que en verdad quería una apuesta, ya había pasado la mitad del año, no tenia enamorada fija así que la idea no le pareció tan mala después de todo, se ganaría un sencillo y podría conocer esos labios que poco a poco empezaban a llamarle la atención.

La empezó a mirar de modo distinto, ella le había contado que tenía un enamorado algo mayor que ella, además que este enamorado suyo pensaba presentarla como pareja oficial en la casa, por lo que escuchaba se querían mucho, a pesar de las peleas tontas que tenían, todo eso alimentaba las ganas de darle un beso, era su reto, su desafío, a pesar de que siempre hablaba bien de él, Marco no tenía el gusto de conocerlo, nunca lo había visto, a parte porque ya había dejado el colegio.

La apuesta solo se mencionó una vez y nada más, al pasar los días se olvido de aquella maldita apuesta, porque ella empezó a gustarle mucho, comenzó a visitarla en las tardes, después de clases, a veces subía después de haber estado tomando con los amigos , en alguna de esas visitas en tragos, para variar hablo demás y la cagó: le conto lo de la apuesta, pero lo hizo como quien cuenta un chiste, no pensó que ella lo tomaría mal, ella le reclamó que el solo la buscaba para ganar esa apuesta, a pesar de sus explicaciones por hacerle entender que eso fue al inicio y que nunca más se había tocado el tema, ella no lo creyó, al menos al inicio fue así.

La química entre ellos era muy buena, los compañeros en el salón empezaban a molestar, había mucho cariño en esa carpeta escolar, quizás por eso, Marco empezó a escribirle frases con rima, que algunos llaman poesía. Eran palabras que trataban de expresar las sensaciones – nuevos sentimientos– que ella le inspiraba.

Ella los leía, sonreía y le daba las gracias por aquellas frases, algunas bonitas, otras demasiado cursis, pero a esa edad quien no se atreve a tanta miel. Ella cambio mucho con él, se mostraba más cariñosa, empezaba a contarle que tenía problemas con su enamorado, que peleaban mucho, le pedía siempre que suba a su casa más seguido, porque le gustaba su compañía, correspondía con miradas y gestos las muestras de cariño de Marco.

En una de esas visitas Marco le dijo que le gustaba mucho, que quería estar con ella, sin embargo ella respondió que no podía, que estaba enamorada de su pareja a pesar de sus peleas, Marco dijo que lo entendía, pero lo dejo picón y con mucha bronca.

Una noche, saliendo de una actividad del colegio, Marco se ofreció a acompañarla a su casa, una vez que llegaron a su casa, y parados en la puerta pensó que era su oportunidad e intento besarla, ella volteo el rostro, pero lo intento una vez más, nuevamente la misma reacción, ella le dijo que no podía hacerle eso a su enamorado, en ese momento se resignó, cuando se retiraba una pregunta rondaba su cabeza: ¿tanto puede querer a su enamorado?, había perdido una batalla,  pero la guerra aun no terminaba.

En el colegio dejaron un trabajo manual, Marco no servía para esas cosas, la invitó a su casa para que lo ayude, ella accedió aunque se suponía que irían mas compañeros pero nunca se aparecieron, ya estaba oscureciendo no había planeado nada, pero un impulso lo guió: se asomó por el balcón a ver si venia alguien, luego entró a la sala cerró la puerta se acercó a ella, tomó su rostro y la besó, ella se puso de pie y correspondió los besos inocentes, como suelen ser esas caricias adolescentes.

Pegados a una columna de su casa, Marco supo que ella lo quería. Cuando le dijo quiero que seas mi enamorada, ella se negó, aun estaba con enamorado.


Una tarde que fue a visitarla, ella lo invitó a pasar a su casa, estaba sobrio, solo había una cama en el primer piso, que era de su prima que estudiaba en turno tarde en el mismo colegio al que ambos asistían, ella estaba con una minifalda y una blusa blanca, Marco se sentó en la cama, ella se sentó a su lado y conversaron de ellos, de esos sentimientos que abrumaban sus pensamientos diarios, intentó besarla y ella no se dejó, una vez más el desaire de la otra noche se repitió hasta que Marco se echó en la cama mirando el techo, soltó un suspiró de resignación, ella lo acompañó, él le dijo como demonios puedo demostrarte que de verdad me gustas y que te quiero mucho, ella se acercó y lo besó, se echó encima de él y siguió besándolo con una fuerza descomunal, esos besos estaban llenos de pasión, Marco supo lo que es besar con amor esa tarde.

Visitas como esa tarde eran muy seguidas, no importaba si algunas compañeras de salón supieran lo que pasaba, ya que siempre se encontraba con alguna de ellas camino a la casa de ese amor adolescente y que hasta podían irle con el chisme al enamorado, no importaba, la quería mucho, si era necesario pelear por ella lo haría, lástima que no fue así, Marco en algún momento le insinuó llevar esos encuentros a otro nivel, ella le dijo que aun no, nunca la presionó.


Era un amor inocente y hasta prohibido. Nunca fueron enamorados, él solo se lo había preguntado esa vez en su casa, cuando ella se negó, luego de eso nunca más le hizo esa pregunta, siempre se veían en la casa de ella, Marco siempre le escribía poemas, se tomaban de la mano en el salón de clases sin que nadie se diera cuenta, ella seguía con enamorado, una noche de octubre él estaba en una fiesta con los demás compañeros de clases, ella llegó a la reunión, se acercó a Marco y al oído le dijo conversemos, se fueron un pasadizo oscuro de la casa y le dijo que en ese mismo rato había terminado con su enamorado, Marco no sabía qué hacer o que decir, le entró miedo, de repente al compromiso o a enamorarse en realidad nunca supo a que tenía miedo, le dijo que había hecho mal porque él la quería mucho y ella respondió que no podía seguir haciéndole esa mala jugada: engañarlo. Regresaron a la fiesta, bailaron un rato y ella se fue a su casa, esta vez Marco no la acompañó.

A las pocas semanas ella regresó con su enamorado, Marco nunca le dijo para formalizar su relación, ahí se terminó todo, le partía el corazón verla con su enamorado en la reuniones del colegio o andando por ahí, se iba con los amigotes  a tomar con más ganas y a otras cosas también.

Ella nunca más lo invitó a su casa, nunca más le permitió besarla, se había roto el encanto, la inocencia de ese amor se vio afectada por la cobardía de no decirle quiero que estés conmigo, como así decían los poemas escritos sobre ese escritorio de secundaria.

Una mañana de Diciembre fue por última vez a su casa llevando un poema de despedida, se lo entregó, se abrazaron sentados en esa cama que meses atrás había sido mudo testigo del inicio de ese idilio, se dieron un último beso, tímido con pena y lagrimas de niños, se despidieron así; cuando regreso al año siguiente al colegio ya estaban distanciados, ella lo miraba triste desde su carpeta, Marco un día la invito a su casa, esa tarde en la puerta mientras conversaban él le robo un beso, se rieron, fue un momento de nostálgica complicidad.

La mañana en que todos los compañeros de salón se despedían entre ellos por ser el último día de clases, ella se acercó a Marco lo abrazó fuerte como en aquellos días en que solo había amor entre ellos, ella le dijo te quiero mucho, te deseo el mejor de los éxitos en tu vida porque yo se que lograras todo lo que te propongas  y entre lagrimas se dijeron adiós.

Pasaron varios años sin saber de ella, se enteró que una noche calurosa de San Valentín ella fue a buscarlo pero Marco no estaba en su casa. Un día se encontraron de casualidad, se detuvieron a conversar un buen rato, tratando de actualizar las noticias de todo el tiempo que no se habían visto, estaba linda como siempre, quedaron en frecuentarse pero como siempre pasa fueron solo promesas.

Hoy ella es mamá de dos hermosos bebés y es feliz, él tuvo la suerte que en algún momento ella lo quiso mucho, cuando se acuerda de ella: Marco sonríe y la recuerda con cariño.